Producto natural, verdad o mentira?

En cosmética, el calificativo "natural" no significa gran cosa, ya que apenas está regulado por la ley. Ahora bien, una buena lectura del etiquetado puede darle bastantes pistas para distinguir los cosméticos realmente naturales. Le contamos cómo hacerlo.


Con aceites naturales, con extracto de té, con aloe vera, sin colorantes, sin conservantes químicos... Son mensajes cada vez más frecuentes en los productos cosméticos. Y es que se supone que lo natural es más sano, más ecológico y más seguro. ¿Pero lo es realmente?
Lo natural puede ser más sano, pero no es inofensivo. Hay ingredientes naturales con conocidos efectos saludables sobre la piel: por ejemplo, el aloe vera tiene probadas propiedades cicatrizantes, antivirales y antiinflamatorias. Sobre otros
ingredientes no existen estudios tan fiables. Pero, en general, podemos afirmar
que lo natural es menos agresivo para la piel. Ahora bien, esta circunstancia no
implica necesariamente que el cosmético sea más seguro. Las pruebas de seguridad exigidas por la ley son iguales para todos los cosméticos, sean naturales o convencionales. De hecho, un ingrediente natural puede provocar alergia, exactamente igual que si es de origen sintético. Además, hoy por hoy es muy difícil prescindir de algunos ingredientes sintéticos: los conservantes, por ejemplo, son imprescindibles para garantizar la seguridad antimicrobiana de un cosmético a largo plazo.De ahí que, en lo que se refiere a su caducidad, buena parte de los productos naturales la tengan limitada a seis o incluso tres meses desde el momento en que se abren. Cuando un cosmético convencional dura al menos un año.


Hay productos con sólo un 5% de ingredientes naturales.

Según la propia información del fabricante, el porcentaje de ingredientes
naturales en los cosméticos seleccionados varía entre un 5% y un 99%.
Evidentemente, cuanto menos natural sea, menos interesante resulta para el
consumidor que busca un producto de este tipo. Pero el caso es que la legislación actual no exige al fabricante un mínimo porcentaje para poder anunciarse como natural; como tampoco obliga a señalar el porcentaje exacto de ingredientes naturales. De ahí el interés de los llamados sellos de certificación natural o ecológica, puesto que algunos de ellos sí que garantizan un mínimo porcentaje; aunque no todos. Los sellos también suelen garantizar un embalaje reciclable, aunque no siempre exigen que la cantidad de embalaje usada sea la mínima posible. En cualquier caso, el impacto medioambiental de un cosmético natural con sello será normalmente menor que el de un cosmético que no lo lleve.


Son más caros que los cosméticos convencionales

Más de la mitad de sus ingredientes son de origen natural; y deben venir detallados en el etiquetado. Excluye los productos con más de un 50% de agua. El embalaje es reciclable. No tiene en cuenta un embalaje excesivo.

Así es. Mientras que un bote de champú normal cuesta alrededor de 3 euros, uno
natural puede salir por unos 11 euros.  Claro que también hay champús 100%
sintéticos que puede valer más de 20 euros en una perfumería.
Lo cierto es que el mercado de los cosméticos naturales no deja de crecer,
sobre todo en lo que se refiere a cremas para la piel, jabones y detergentes. De
hecho, se calcula que aumenta un 20% anual en países como Francia, Alemania e Italia. Los españoles no estamos aún tan implicados, y aunque este tipo de
productos ya empiezan a dejarse notar en la mayoría de los establecimientos
comerciales, son las tiendas ecológicas las que agrupan una mayor variedad de
cosméticos naturales.

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